Historia del tarot
La historia del Tarot de Marsella
Hoy en día, el Tarot de Marsella es uno de los mazos de tarot más conocidos, estudiados y comentados. Sin embargo, su historia real es más antigua, más matizada y más apasionante de lo que sugieren las representaciones modernas que lo reducen únicamente a un soporte esotérico o adivinatorio.
Para comprender el Tarot de Marsella, hay que remontarse al Renacimiento italiano, seguir la difusión de las cartas por Europa, observar el papel de los maestros naiperos y distinguir la historia material de los mazos de sus reinterpretaciones simbólicas posteriores.

Los orígenes del tarot en el Renacimiento
Los primeros mazos de tarot aparecen en Italia en el siglo XV. En esa época, el tarot todavía no es un soporte adivinatorio en el sentido moderno. Se trata de un juego de cartas complejo, utilizado en medios aristocráticos y cultos, especialmente en el norte de Italia.
Entre los testimonios más célebres figuran los mazos llamados Visconti-Sforza. Estos conjuntos lujosos, a menudo pintados a mano, testimonian un contexto cultural refinado, donde la imagen, la alegoría y el prestigio social desempeñan un papel central.
El tarot antiguo ya incluye varios elementos estructurantes:
- cuatro palos, como en otros juegos de cartas;
- cartas de corte;
- una serie de triunfos que más tarde se convertirán en los arcanos mayores.
Estas cartas aún no forman el Tarot de Marsella en sentido estricto, pero constituyen una de las raíces históricas esenciales del tarot europeo.
La difusión de las cartas en Europa
A partir del siglo XVI, los mazos de tarot circulan progresivamente por diferentes regiones de Europa. Los modelos se transforman, se adaptan y se transmiten de un taller a otro. Las cartas dejan de ser exclusivamente aristocráticas y entran cada vez más en los circuitos de fabricación artesanal y comercial.
Esta difusión explica por qué el tarot no posee un único origen simple ni una única forma estable desde el principio. Su historia está hecha de transmisiones, copias, variantes regionales y transformaciones sucesivas.
Es también en este contexto donde emergen las bases de lo que más tarde se llamará las fuentes iconográficas del tarot: imaginería religiosa, representaciones morales, tradiciones populares, poder real, virtudes alegóricas, figuras de la muerte, del juicio, del mundo o de la rueda del destino.

Cómo se forma el Tarot de Marsella
La expresión «Tarot de Marsella» no designa un único mazo creado en un solo lugar y en una sola fecha. Designa más bien una familia de mazos que comparten una estructura y un parentesco iconográfico reconocibles.
Esta tradición se estabiliza progresivamente entre los siglos XVII y XVIII. Varios mazos antiguos permiten observar esta construcción progresiva, especialmente los de Jean Noblet, Jean Dodal y Nicolas Conver.
Lo que da unidad a esta tradición no es la identidad perfecta de cada imagen, sino la permanencia de una arquitectura común: los mismos grandes triunfos, las mismas grandes figuras, las mismas relaciones visuales de conjunto, a pesar de las diferencias de detalle.
El papel decisivo de los maestros naiperos
El tarot no se transmitió solo. Fue producido, grabado, impreso y difundido por artesanos especializados: los maestros naiperos.
Estos artesanos trabajaban con planchas grabadas en madera y luego imprimían las cartas antes de colorearlas. Sus gestos, sus elecciones gráficas y sus limitaciones técnicas desempeñaron un papel mayor en la evolución del tarot.
Por eso la historia del Tarot de Marsella es también una historia material. Se refiere tanto a la transmisión de las imágenes como a la circulación de los propios objetos impresos.

Tarot de Marsella tipo I y tipo II
Los historiadores del tarot suelen distinguir dos grandes familias iconográficas: el tipo I y el tipo II.
El tipo I corresponde a las formas más antiguas de la tradición marsellesa. Los mazos de Noblet y Dodal son a menudo las referencias más citadas. Su dibujo presenta ciertas particularidades de detalle y un estado más antiguo de la iconografía.
El tipo II corresponde a una iconografía más estabilizada, más homogénea y más ampliamente difundida, de la cual el tarot de Conver es uno de los ejemplos más emblemáticos.
Esta distinción es importante porque muestra que el Tarot de Marsella no es un bloque fijo, sino una tradición viva que ha conocido varios estados sucesivos.

La reinterpretación esotérica del tarot
Hasta el siglo XVIII, el tarot es conocido ante todo como un juego de cartas. Solo más tarde se convierte progresivamente en un soporte de interpretación simbólica y después en un objeto mayor de ciertas tradiciones esotéricas.
Figuras como Etteilla, Papus o Éliphas Lévi contribuyeron a vincular el tarot con la cartomancia, la cábala, el esoterismo y el hermetismo.
Esta fase es capital para comprender el tarot moderno, pero no debe confundirse con el origen histórico de las cartas. Dicho de otro modo: el Tarot de Marsella es antiguo, pero no lo son todas las teorías que hoy se le asocian.
Por qué el Tarot de Marsella sigue vivo hoy
Si el Tarot de Marsella sigue fascinando, es porque se sitúa en el cruce de varias dimensiones: objeto histórico, herencia visual, sistema simbólico, herramienta pedagógica y lenguaje de interpretación.
Puede estudiarse como documento cultural, como estructura iconográfica o como soporte de lectura simbólica. Esta pluralidad explica su longevidad y su poder de atracción.
Comprender su historia permite evitar simplificaciones. El Tarot de Marsella no es ni un puro vestigio del pasado ni una simple máquina para predecir el futuro. Es una herencia viva, atravesada por siglos de transmisión, reinterpretación y práctica.
Puntos clave
- El tarot nace en Italia durante el Renacimiento como juego de cartas.
- El Tarot de Marsella se forma progresivamente entre los siglos XVII y XVIII.
- Los maestros naiperos desempeñan un papel esencial en su transmisión.
- Los tipos I y II muestran la evolución interna de la iconografía.
- La lectura esotérica del tarot es posterior a su historia material.
